¿Qué comemos?

¿Qué hay para almorzar?

¿Qué preparo para la cena?

Hay preguntas que se repiten en todas las casas. Cambian las palabras, cambia quién las hace, pero tarde o temprano llega la hora de comer y alguien pregunta lo mismo.

Y casi siempre la respuesta también se parece:

—No sé. ¿Qué querés comer vos?

Lo curioso es que, en realidad, sí sabemos.

Sabemos cocinar muchas más cosas de las que recordamos en ese momento.

Tenemos las recetas de nuestros padres, las de nuestros abuelos, platos que aprendimos de amigos, cosas que vimos alguna vez y quedaron para siempre en casa. Tenemos comidas que preparamos hace años y otras que descubrimos hace poco y nos encantaron.

Sabemos hacer milanesas como las hacía nuestra vieja. Nos acordamos de ese guiso que preparaba nuestra abuela. Tenemos una pasta que siempre sale bien, una tarta que nos salva durante la semana, algo especial que hacemos cuando tenemos más tiempo y un puñado de platos que sabemos que le gustan a todo el mundo en casa.

Todo eso está ahí.

El problema es acordarse justo cuando alguien pregunta qué comemos.

Cuadernos y recetas escritas a mano sobre una mesa de cocina, junto a una olla e ingredientes cotidianos.

No nos faltan recetas

Internet solucionó hace mucho tiempo el problema de encontrar recetas.

Si queremos aprender a hacer ramen, una tortilla española, curry, focaccia o prácticamente cualquier plato que exista, tenemos miles de recetas a unos segundos de distancia.

Y, sin embargo, seguimos abriendo la heladera a las ocho de la noche pensando:

¿Entonces qué hacemos de comer?

Quizás el problema nunca fue que necesitáramos más recetas.

Quizás necesitábamos una forma de recordar las nuestras.

Porque cuando pensamos qué comer un martes cualquiera no estamos buscando entre todas las comidas que existen en el mundo. Estamos tratando de elegir entre las comidas que forman parte de nuestra cocina.

Las que conocemos.

Las que nos gustan.

Las que sabemos preparar.

Y también esas nuevas que probamos alguna vez y decidimos que queremos volver a hacer.

Nuestra cocina también es un repertorio

Hay algo lindo en pensar nuestra cocina de esa manera.

No como una colección infinita de recetas guardadas en algún lugar, sino como un repertorio que fuimos construyendo con el tiempo.

Algunas recetas vienen de nuestra familia.

Otras las aprendimos nosotros.

Algunas las hacemos casi de memoria. Otras todavía necesitan que miremos las cantidades o los pasos. Algunas aparecen todas las semanas y otras solamente cada tanto.

Pero todas tienen algo en común: en algún momento decidimos que queremos que formen parte de lo que comemos.

Y ese repertorio probablemente sea mucho más grande de lo que sentimos cuando llega la hora de cocinar.

El problema es que nuestra memoria no funciona como un menú.

Cuando alguien pregunta «¿qué comemos?», no aparece mágicamente delante nuestro una lista ordenada con todos los platos que conocemos.

Aparecen tres o cuatro.

Los mismos de siempre.

Y después, nada.

De esa pregunta nació Olivara

Olivara nació, literalmente, de ese momento.

No de pensar que al mundo le faltaba otra aplicación con miles de recetas para descubrir.

Todo lo contrario.

Nació de pensar que ya conocemos un montón de cosas que nos gusta comer, pero somos pésimos recordándolas cuando tenemos que decidir.

Por eso la idea es bastante simple: tener en un mismo lugar los platos que forman parte de nuestra cocina.

Los de siempre y los nuevos que conscientemente queremos incorporar.

Entonces, cuando llega el momento de organizar la semana, no tenemos que empezar de cero.

Podemos mirar nuestros platos y decidir: esto el lunes, aquello el martes, el miércoles hacemos esa receta que hace meses que no comemos.

Y de esas decisiones pueden salir los ingredientes que necesitamos y, finalmente, la lista de compras.

La pregunta deja de ser:

«¿Qué podría cocinar?»

y pasa a ser:

«¿Cuál de nuestros platos queremos comer?»

Parece una diferencia pequeña.

Pero cuando llega la noche y alguien vuelve a preguntar...

¿Qué comemos?

...tener la respuesta a mano cambia bastante las cosas.

Olivara